
El actual contexto internacional, marcado por un entorno de seguridad cada vez más complejo e interconectado, refuerza el papel de la defensa como un ámbito estratégico para los Estados. Conflictos de alta intensidad, amenazas híbridas, ciberataques o la protección de infraestructuras críticas forman parte hoy del debate público y de la agenda institucional. En este escenario, la formación y atracción de talento se convierte en una prioridad para garantizar capacidades, innovación y preparación a medio y largo plazo.




